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Sueños que otorgan una canción de victoria
Por Reverendo Miguel A. Morales |
Muy amados en el Señor, estando en la ciudad de los rascacielos, el gran cantautor puertorriqueño, Rafael Hernández, compuso el “Lamento Borincano”. Esa hermosa canción describe la desesperanza, la tristeza y el estado anímico depresivo que produjo en el pueblo puertorriqueño aquella terrible depresión económica de los años 30. Rafael proyectó en su canción al puertorriqueño común como un jibaro que iba “cantando así, llorando así, diciendo así por el camino: "¿Qué será de Borinquén, mi Dios querido? ¿Qué será de mis hijos y de mi hogar?" Ese jibaro puertorriqueño, como lo describe Rafael Hernández en su canción, cuando se le cerraban todas las puertas, miraba al cielo y hablaba con Dios. Hernández, citando el excelente poema, “Puerto Rico” de José Gautier Benítez, también le cantaba a su amada tierra, usando su nombre ancestral: “Borinquén, la tierra del edén, la que al cantar el gran Gautier llamó la perla de los mares, ahora que tú te mueres con tus pesares, déjame que te cante yo también.” Hernández le canta a su tierra, a pesar de sus pesares. Pero le canta a una tierra que se muere por sus pesares. Hoy, cuando volvemos a sufrir nuestros pesares, quiero compartir acerca de los sueños que transforman nuestros pesares en canción de victoria. Estos sueños se reciben por gracia, y se reciben por medio de la fe.
Jacob, el Soñador
La primera historia que quiero compartir, es la historia de un hombre cuyo nombre significa “suplantador”. Mediante engaño, le robó a su hermano mayor, la primogenitura. Esa mala semilla le acompañó, aun después de Dios haberle transformado. El pecado siempre engendra consecuencias. Cuando alguien recibe a Jesús como Señor y Salvador, Dios le perdona, cambia su destino eterno, pero hay consecuencias que hemos de sufrir por nuestros errores. No es como algunos engañadores enseñan. Esos falsos maestros dicen que “todas las cosas son hechas nuevas” y que por ello, el matrimonio habido antes de recibir a Cristo, no cuenta. Esos falsos maestros, inclusive se atreven a decir, que no hay que pagar los préstamos hechos antes de recibir a Cristo. Lo cierto es que el pecado siempre tiene consecuencias, y en la vida de Jacob, las consecuencias fueron, entre otras, que su suegro le engañó, y sus hijos, le engañaron diciendo que José había muerto. Este suplantador, no obstante, tuvo unos padres que oraron por él, y que le pidieron a Dios que le bendijese. Aparte de ello, Dios mismo le amó, y le trazó un plan para su vida. Los planes de Dios eran mejores que lo que cualquier trampa de Jacob pudiese conseguir. Sus trampas solo le trajeron dolores y calamidades. La primera calamidad fue el odio de su hermano mayor, que se distinguía por la manera en que mataba veloces animales. Jacob no tenía la más mínima oportunidad ante Esaú, pues sus habilidades estaban por otro rumbo.
Jacob no tuvo otra opción sino huir. Lejos de su familia, lejos de lo que sabía hacer, sin nada en sus manos, sin seguridad sobre la tierra. Llegó a dormir en el suelo, con una roca como almohada. Es muy de humanos llorar y cantar lamentos, cuando los bolsillos están vacíos y cuando hay que usar como almohada una piedra sobre el suelo raso. Antes de proseguir con Jacob, debo señalar que así se vio nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Hay quien quiere ser como Carlos Slim, el hombre con más dinero sobre la tierra, pero hay quienes queremos ser como Jesucristo. La riqueza que queremos no es la que da el dinero, sino aquella que trae la felicidad. No hay felicidad más grande que aquella que trae Cristo al corazón del hombre.
Jacob estaba en su punto más bajo, no tenía méritos propios, y estaba lejos de la casa de su padre, y quizás pensó que estaba lejos del Dios de su padre. Pero esa noche Dios se le reveló en sueños, como yo creo que hoy Dios se te va a revelar a ti. Dios transformó un momento difícil, en un momento de gloria. Dios transformó el momento de la escasez, en el momento de la transformación. La perspectiva de Jacob cambió para siempre. De ese momento en adelante, Dios lo cambiaría, poco a poco, hasta que la próxima vez que reclamase la bendición, no lo haría con trampas, sino con su propio esfuerzo.
El pasaje que quiero compartir lee así: “Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. 12Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella.b 13Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.c 14Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.d 15He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. 16Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. 17Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.