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Esclavos del Zafacón Escrito por Pastor Miguel A. Morales
Lo primero, y más reciente, que recuerdo es la triste historia
de un joven de 28 años de nombre Lee, que murió de un ataque al
corazón por agotamiento, tras permanecer cincuenta horas
seguidas jugando con una computadora en un cibercafé de la
ciudad surcoreana de Daegu. El dueño del cibercafé señaló que
no era la primera vez que Lee pasaba hasta tres noches sentado
ante la pantalla del computador y tratando de vencer a sus
oponentes cibernéticos en juegos como "Mu" (en referencia al
mitológico continente hundido en el Pacífico) y el belicoso
"World of Warcraft". En esas ocasiones en que se pasaba días
dentro del café, Lee solía echar una cabezada en la oficina del
administrador del establecimiento. Eso no ocurrió en esta
ocasión y su adicción a los videojuegos le causó la ruina física
y precipitó su muerte, añadió la policía. El día en que murió,
unos amigos le habían localizado y transmitido la preocupación
de su madre, al no verle aparecer en el hogar. Lee dijo que
jugaría un poco más y volvería a casa; unos minutos después,
caía reventado por el agotamiento. Una vida preciosa que se
perdió por el zafacón de la adicción. La vida de Lee no se
perdió el día que su corazón dejó de latir. El tiempo perdido
en una actividad que no tiene consecuencia positiva alguna para
él ni para sus prójimos y equivale a echar la vida por un
zafacón. Como Lee, veo a muchas personas de todas las edades
perdiendo el tiempo miserablemente en asuntos que no
aprovechan. Por el contrario, también observo en nuestros
jóvenes una gloriosa llama de esperanza. Se reúnen para
planificar actividades que impactarán las vidas de sus
congéneres con fe, amor y esperanza. Veo la posibilidad de una
generación que haga historia, que rompa con los estereotipos que
en el pasado han enajenado a generaciones enteras. Los veo
atacando a todo tipo de adición y enfocados a mejorar su
futuro. En lugar de perder la vida ante un juego belicoso sin
consecuencia positiva, los observo estudiando, trabajando y
esforzándose por un mañana mejor.
La segunda imagen que viene a mi mente con el tema de hoy es la
triste escena de alguien comiendo de un zafacón. Es una escena
que nos debe motivar a buscar justicia social para todo ser
humano. En cierta ocasión escuché a mi papá decir que mientras
él hacia estudios doctorales en los Estados Unidos,
prácticamente sin recursos económicos, y mientras trabajaba
fregando platos en un restaurante, se vio en la necesidad de
ingerir alimentos que otro hubiese considerado desperdicios.
Eso no le restó nada a su dignidad como ser humano, ni le restó
capacidad intelectual o voluntad espiritual. La injusticia
afecta moralmente a quien la ejerce, especialmente ante Dios.
Otro recuerdo triste fue ver desde un autobús a un grupo de
niños en el Cairo. Buscaban entre los zafacones desperdicios de
comida y los echaban en una bolsa plástica. Luego se sentaron
juntos, cada cual agitó con sus manos el contenido de aquellas
bolsas y comenzaron a comer. Aquello laceró mi alma y ha dejado
una huella indeleble en mi corazón.
De igual manera observo a multitudes viendo basura en
televisión, ingiriendo basura a través del Internet, escuchando
música y programas que le faltan el respeto al ser humano y
leyendo lo que estimamos es basura, porque mi conciencia no me
permite llamar literatura a todo aquello que el “free speech Act”
permite sea publicado en ésta sociedad. “Garbage In, Garbage
Out” decía el americano (Basura entra y basura sale). Esa
ingesta de basura sí que denigra al ser humano, no la primera.
Nos denigra, nos rebaja y nos ubica a la par con otras
“especies”. Por ello me gozo con lo contrario, con una
generación que anhela alimentarse de lo mejor. Me alegra ver a
los estudiantes haciendo sus asignaciones y a jóvenes leyendo
buena literatura. Es deber de la iglesia fomentar la lectura de
libros que eleven nuestro espíritu a Dios y nos llenen de
cultura. El Dr. Eliezer Narváez nos ha entregado una lista con
lecturas sugeridas que pronto hemos de compartir. Entre tanto,
exhortamos a ver, escuchar y leer lo que nos enriquezca. El Rvdo. Samuel Otero en una ocasión nos relató la historia de un hombre que pasando frente a un zafacón escuchó el llanto de un niño. Buscó entre la basura hasta encontrar un recién nacido a punto de expirar. Lo tomó y lo entregó a las autoridades quienes lograron salvarle la vida. Luego de un tiempo, el caballero que encontró al niño supo que nadie lo reclamaba y tomo la decisión de adoptarle. Le dio un nombre nuevo, le puso su apellido y le crió. Es una historia verídica. Pero el Rvdo. Otero culminó el relato diciendo: “En cierta manera, eso mismo fue lo que Cristo hizo conmigo. Cuando Él me halló, yo estaba perdido entre la basura. Apenas parecía el ser humano que una vez fui. Pero Él me sacó del zafacón, quitó toda la basura, me bañó, me limpió, me dio vida y como si eso fuese poco, me dio un nombre nuevo y me ha dicho: Mi hijo eres tú”. Los que viven en y comen de los zafacones la basura del mundo, no pueden salir solos de ahí. Esclavos son del zafacón. La buena noticia es que Cristo te ama y llama. No tienes que seguir ahí, pues Dios ha extendido su mano para levantarte, sanarte, salvarte y darte una vida nueva. Que así te bendiga Dios. |
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